Educación vs. Algoritmos: ¿Quién Decide Qué Aprendemos?
En la era digital, gran parte de nuestro aprendizaje —tanto formal como informal— pasa por filtros invisibles: los algoritmos. Desde lo que vemos en YouTube o TikTok hasta lo que nos sugiere una plataforma de cursos, los algoritmos están modelando nuestras trayectorias educativas de manera silenciosa pero poderosa. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿quién está realmente decidiendo qué aprendemos?
¿Qué es un algoritmo y cómo influye en la educación?
Un algoritmo es básicamente una fórmula o conjunto de reglas que una plataforma usa para recomendar contenido. Su objetivo no es educar, sino mantenernos enganchados. Por eso, muchas veces, prioriza lo más popular, viral o polémico por encima de lo más útil o riguroso.
En plataformas como YouTube, TikTok, Instagram o incluso Google, los estudiantes (y docentes) están expuestos a un contenido curado por máquinas. Si bien esto permite descubrir recursos valiosos, también puede limitar la diversidad de perspectivas o reforzar sesgos.
¿Qué riesgos existen cuando los algoritmos deciden por nosotros?
- Burbuja de contenido:
Solo se muestran temas similares a los que ya consumiste, dificultando el pensamiento crítico y la exposición a ideas nuevas. - Popularidad sobre calidad:
Contenidos virales pueden desplazar recursos pedagógicos sólidos pero menos llamativos. - Desigualdad de acceso al conocimiento:
Los algoritmos privilegian a grandes creadores o instituciones, dejando de lado propuestas independientes o alternativas. - Fragmentación del conocimiento:
El aprendizaje se da en microdosis (videos de 30 segundos), sin estructura ni profundidad.
¿Qué rol juegan las plataformas educativas?
Plataformas como Coursera, Duolingo, Khan Academy o incluso los LMS escolares (Google Classroom, Moodle, etc.) también usan algoritmos. En el mejor de los casos, personalizan el aprendizaje, adaptando el contenido al ritmo del estudiante. Pero incluso aquí, el problema sigue: ¿quién diseña esos algoritmos? ¿Bajo qué criterios?
¿Qué podemos hacer como educadores, familias y estudiantes?
- Fomentar el pensamiento crítico digital.
Enseñar a cuestionar la fuente, la intención y la profundidad de los contenidos que consumimos. - Diversificar fuentes de aprendizaje.
Combinar contenido digital con lecturas, experiencias prácticas y aprendizaje colaborativo. - Participar en la creación de contenidos.
Los educadores pueden usar las mismas plataformas para difundir conocimiento de calidad, y hackear el algoritmo desde dentro. - Promover algoritmos éticos y transparentes.
Exigir mayor claridad sobre cómo se decide qué vemos en plataformas educativas.
Conclusión: ¿Quién decide qué aprendemos?
Hoy, la respuesta no es simple. En parte, lo deciden los sistemas educativos, los docentes, las familias… pero también, en gran medida, lo deciden los algoritmos, que responden a intereses comerciales y no pedagógicos.
La clave está en no ceder completamente el control.
La tecnología puede ser una aliada del aprendizaje, pero solo si educamos también sobre cómo funciona, a quién beneficia y cómo podemos usarla a nuestro favor.


